Manuel Viola

manuel_viola_001_0José Viola Gamón adoptó el nombre por el que es conocido, Manuel Viola, tras la Guerra Civil. Perteneciente al grupo El Paso, su pintura se caracteriza por un tratamiento informalista y colorista, en la línea de las vanguardias desarrolladas en España a partir de los años 50. Inicia estudios de Filosofía y Letras en Barcelona, pero se ve obligado a abandonarlos debido a la guerra. De estos años datan sus primeros dibujos. Tras la contienda se exilia en Francia, donde escribe en la revista de poesía surrealista “La main à plume”. Allí empieza a exponer sus obras, en las muestras de la llamada Escuela Española de París. Regresa a España en 1949, y en 1958 se inicia su estilo verdaderamente personal, a la vez que se integra en el grupo pictórico de vanguardia El Paso, al que pertenecían, entre otros, Antonio Saura, Rafael Canogar, Luis Feito y Manolo Millares. Comienza a expresarse mediante una pintura abstracta de gran carácter expresionista y gran cuidado del color. Deja atrás definitivamente la figuración que primó hasta entonces en su obra. A lo largo de su vida se le concedieron numerosos premios, como el Premio Condado de San Jorge, el Premio Lissones (Milán), o la Medalla de Oro de la Ciudad de Zaragoza. Expuso en las salas más destacadas de España y también en el extranjero, en ciudades como Oslo, Nueva York, Venecia, São Paulo o Houston. Aún en vida del autor se realizaron ya importantes exposiciones retrospectivas de su obra; en 1965 en la Dirección de Bellas Artes de Madrid, en 1971 en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, el año 1972 en la Lonja de Zaragoza, en 1983 en la Armas Gallery de Miami, y en 1986 en Houston. Tras su muerte se siguieron celebrando exposiciones antológicas de su obra en salas y museos internacionales. Se puede contemplar obra de Manuel Viola en el Museo Reina Sofía, el Museo de Arte Moderno de Colonia, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, los Museos Guggenheim de Nueva York y Bilbao, y el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, entre muchos otros. En este cuadro, flujos de energía se materializan, evocando inefables formas dinámicas, sujetas a la eterna regeneración y delicuescencia.